| JC Chávez, una historia de 30 años de gloria |
| Escrito por Luis Alfonso Félix |
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De sobra comprenderán, que no estamos hablando de un pugilista cualquiera. Ni el mismo Chávez se pudo imaginar, en aquel tiempo, que llegaría a ser la gran estrella del boxeo mexicano en dos importantes décadas, la de los 80´s y 90´s. Un total de 107 combates fue la huella y el legado que dejó en nuestro país. Pero eso no es todo; además de llegar a la cúspide con categoría de invicto, estableció un récord de más peleas y defensas de campeonato mundial. Por mucho el Consejo Mundial de Boxeo lo condecoró en repetidas ocasiones como el “Peleador del Año” y el mundo entero se rindió a sus pies, también durante mucho tiempo, reconociéndolo como el mejor boxeador libra por libra.
Su historia. Chávez fue el tercer miembro de cuatro hermanos que abrazaron tan arriesgada profesión, pese a la oposición en un principio de sus padres. Julio César se inspiró en sus hermanos mayores Rodolfo y Rafael para dedicarse en cuerpo y alma a este deporte, y las carencias y necesidades que existían en su numerosa familia lo obligaron a realizar un fugaz paso por el terreno amateur.
Bajo la dirección de Ramón “Zurdo” Félix pero impulsado por Juan Antonio López, ambos ya finados, Chávez subió a un cuadrilátero de paga un 5 de febrero de 1980 enfrentando a Andrés “Virolo” Félix en el Parque “Revolución”, velada promovida por don Agustín D. Valdez.
En una ocasión, Chávez manifestó que, hasta la fecha, el promotor le debe todavía esos 500 pesos que le ofreció por ese pleito que terminó ganando por nocaut en 6 asaltos, el primero de 86 anestesiados que sumó en su brillante y espléndida carrera de 25 años.
Al principio sus triunfos se definieron en pocos minutos, al grado de que pudo darse el lujo hasta de pelear dos veces en una misma semana.
Fue tan meteórico su ascenso, que en su combate número seis ya estaba en calidad de estelarista, peleando a 10 asaltos. Lo hizo contra Miguel Cebreros, un 5 de septiembre de ese mismo año de debut, a quien superó por puntos.
Con asterisco. La aureola de invicto de Julio César fue cuestionada cuando estaba en lo más alto de la cumbre.
En su primer combate de 1981, luego de 11 peleas un año antes, enfrentó al poblano Miguel Ruiz, a quien derribó casi al unísono con el sonido de la campana que determinaba el final del primer asalto. Ruiz hizo espectacular su caída y consiguió su objetivo de engañar a los jueces, argumentando que el golpe se produjo después de los 3 minutos de combate. Luego de deliberar por casi 15 minutos, la Comisión de Box, en aquel tiempo dirigida por Lamberto Borboa, determinó descalificar a Julio César, aplicándole un revés que sobre el ring ningún adversario lo había logrado.
Pero Chávez y Ramón Félix protestaron, y debieron de acudir hasta las mismas oficinas de la Comisión de Boxeo del Distrito Federal, de donde ordenaron cambiar la decisión y otorgarle a Julio César el triunfo por nocaut en el primer asalto.
Inquieto. Con una marca impecable de 41 peleas, Chávez comenzó el año de 1984 como el tercer superpluma del mundo por el Consejo Mundial de Boxeo, y pensando ya en una oportunidad por el título universal.
Chávez le insistió mucho a su entrenador que le buscara la oportunidad de enfrentar a Héctor “Macho” Camacho, en ese momento el rey superpluma del orbe, y además invicto, que comenzó a tener problemas con Ramón Félix porque este le respondía con un “espérate” a las inquietudes del imbatido sinaloense, porque tenía conocimientos de que el puertorriqueño dejaría la corona en el escritorio por problemas de peso.
Unas semanas después de vencer en tres rounds a Delfino Mendoza en Hermosillo, y ante las pocas oportunidades de luchar por un título, Chávez decidió robarse a su novia Amalia Carrasco, a la que convertiría en su esposa.
Pero al día siguiente de su prematura luna de miel, tuvo que suspender la misma cuando recibió una llamada de Ramón Félix, manifestándole que Camacho renunciaba a la corona, y que el CMB había decido que se enfrentara al tapatío Mario “Azabache” Martínez por el campeonato vacante.
Histórica noche. La anhelada oportunidad llegó el 13 de septiembre de 1984 en el Forum de Inglewood, California, el mismo escenario en el que otros mexicanos como Rubén Olivares escribieron gloriosas y épicas batallas.
Para todo México, y los compatriotas radicados en la unión americana, Martínez era el claro favorito porque nadie conocía la carrera de Chávez, excepto que llegaba invicto, pero con una lista de víctimas poco conocidas en el ámbito internacional.
Esa noche marcó el nacimiento de quien se convertiría, con el paso del tiempo, en el más grande pugilista mexicano, superando, incluso, a boxeadores de la talla de Olivares, Carlos Zárate, “Mantequilla” Nápoles, Vicente Saldívar, Chuco Castillo, Rafael Herrera, etc..
Chávez le aplicó una auténtica paliza a Martínez, quien después de esa contienda se perdió del firmamento boxístico.
Mucha gente recuerda cómo los comentaristas “Sonny” Alarcón y Antonio Andere se sorprendieron por la calidad del sinaloense, a quien consideraron un “león rasurado”.
Defensas gloriosas. Julio César comenzó a eslabonar victorias tras victorias, sacando delc amino a lo más granado que existía en esos momentos en las divisiones superpluma, ligero y superligero, las tres categorías que dominaría con el paso del tiempo.
Su primer retador de renombre fue Roger Mayweather a quien destrozó en dos asaltos en Las Vegas en la segunda defensa.
Después de nueve exposiciones, buscó el título ligero ante el boricua Edwin Rosario. Con ese combate nació la historia del listón rojo en su cabeza que heredarían sus hijos y que imitarían otros pugilistas. Se dijo que con ello contrarrestaría un supuesto hechizo de la madre de Rosario, quien colocó una foto de Chávez en una cubeta con agua muy fría.
A Rosario prácticamente le destrozó el rostro.
Tras romper su relación laboral con el “Zurdo”, Chávez se enfrentó en 1988 a su compadre y amigo José Luis Ramírez, a quien también dirigía Ramón Félix. Un cabezazo accidental en el undécimo asalto acabó con la batalla. Los jueces recurrieron a las puntuaciones y concedieron el triunfo a Chávez por la vía de la decisión técnica.
El combate contra Meldrick Taylor un 17 de marzo de 1990 fue el más dramático de su carrera. De acuerdo a las cédulas de los jueces, Julio llegó al duodécimo asalto superado en puntos por el norteamericano, pero un derechazo a 15 segundos de escuchar la última campana, envió al moreno a la lona. Se levantó en pésimas condiciones, pero solo para que le detuvieran el combate.
La batalla que muchas veces intentó contra el “Macho” se cristalizó hasta 1992, a quien superó ampliamente.
Mayweather se volvió a cruzar en su camino, pero ahora ungido como campeón superligero del CMB. Chávez lo noqueó en diez asaltos y esa noche pasaba a la historia como el primer mexicano en alcanzar tres títulos en igual número de divisiones.
En 1993 buscó su cuarta corona, la de peso welter, pero no alcanzó su objetivo. Se midió al escurridizo Pernel Whitaker en San Antonio, Texas. Después de 12 asaltos, los jueces dieron el triunfo dividido al norteamericano, pero dos minutos después rectificaron y marcaron un empate. Hubo algunas confusiones en números.
El 29 de enero de 1994, arrastrando problemas familiares y de una eventual separación con Amalia, Julio César no entrenó lo suficiente y sufrió no solamente la primera derrota de su carrera, sino también su primera visita a la lona. El ilustre desconocido Frankie Randall le ganó por amplia e inobjetable decisión.
En una revancha directa, cuatro meses más tarde, recuperó el trono, noqueando en 8 asaltos a Randall.
Luego de cuatro defensas, enfrentó a Oscar de la Hoya, con quien sufrió el primer nocaut de su carrera y el declive de la misma.
Chávez luchó dos veces más por volverse a colocar en los cuernos de la luna, pero falló en ambas; la primera, en una revancha con De la Hoya, y luego contra Kosta Tzyu. La noche del 17 de septiembre del 2005 en Phoenix marcó su despedida, tras perder en cinco asaltos (ya no salió para ese round) con Grover Willey. Sus piernas ya no le respondían.
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Culiacán, Sinaloa, a 05 de Febrero de 2010. Parece que fue ayer; Julio César Chávez tiene un motivo muy importante para festejar este día, pues se cumplen exactamente 30 años de su debut en el pugilismo profesional, peligrosa actividad que lo encumbró a tal grado de convertirse en el mejor boxeador mexicano de toda la historia, y en el primer en ganar tres títulos en igual número de categorías.